SOBRE HOMBROS DE GIGANTES
Lo que hoy llamas hogar no es un accidente geográfico, sino un monumento a la voluntad humana.
Cada calle que caminas, cada cura que alivia tu dolor y cada luz que se enciende al caer la noche es el eco de un millón de manos que se negaron a aceptar el caos del mundo salvaje. Somos herederos de una cadena inquebrantable de gigantes: soñadores que desafiaron a la gravedad, médicos que vencieron a la muerte en laboratorios silenciosos y maestros que encendieron antorchas en la oscuridad de la ignorancia.
No habitamos simplemente ciudades; habitamos el sudor, la genialidad y el sacrificio de quienes nos precedieron. La civilización es un milagro sostenido por el deber de quienes cuidan, crean y enseñan. Mirar a nuestro alrededor y disfrutar de sus comodidades no es un derecho de nacimiento, es un regalo sagrado que nos obliga a una sola cosa: ser dignos de la herencia y continuar la obra
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