El Origen de la Perversión: ¿Qué era el dinero?
Hace más de una década, podíamos definir el dinero como una "Nota de Crédito"; una prueba tangible de que una persona era útil y productiva para su sociedad. En su esencia pura, el dinero no es más que el intercambio de esfuerzos por bienestar, un reconocimiento de que has aportado algo "deseable" al mundo. Sin embargo, esa estructura se ha colapsado. Lo que hoy llamamos economía es, en realidad, una serie de estructuras equivocadas que han invalidado la base misma de nuestra existencia.
La Economía de los "Actos Degradantes"
El sistema actual ha borrado la frontera entre el trabajo profesional y el acto degradante. Como bien se ha sostenido a lo largo de los años, un trabajo es aquel que produce bienestar para todos; por el contrario, actividades como el tráfico, la corrupción política y la industria de la guerra no son trabajos, son formas de destrucción donde siempre alguien pierde.
Hoy, el mundo ha elegido el camino de la pérdida:
* La Paradoja del Capital: Mientras la demografía cae y el capital humano se extingue en una soledad sin compromisos, el flujo monetario se desvía hacia "creadores de contenido" y "chismosos", ignorando a quienes producen los bienes y servicios que sostienen la vida.
* La Inversión en la Nada: Estamos construyendo un futuro de colonización espacial y tecnología de punta, pero lo estamos haciendo con una escasez de conciencia. Es un progreso hueco, una "empatía hipócrita" que llora por las víctimas mientras firma el cheque de las bombas.
El Cáncer del Anonimato y la Opacidad
La raíz técnica de esta hipocresía es el dinero al portador. Mientras el capital sea anónimo, sin propietario rastreable, sin destinatario ético y sin un control de gasto transparente, el arbitrio del poder siempre favorecerá a la industria de la muerte. La guerra es la "mejor inversión" solo porque el sistema monetario permite que el beneficio de unos pocos se construya sobre el bombardeo de ciudades, la destrucción de hospitales y el hambre de millones.
Es una verdad incómoda: el dinero, que debería ser la prueba de nuestra utilidad, se ha convertido en el combustible de nuestra extinción.
La Encrucijada Final: ¿Bombeamos vida o financiamos bombas?
Hemos llegado al punto de no retorno. La realidad compartida no es una invitación a la reflexión, es un ultimátum. La pregunta que desgarra cualquier pretensión de civilización es:
> "¿Somos tan estúpidos y tan hipócritas que seguimos financiando bombas en lugar de vidas?"
>
No es falta de recursos. Es falta de coraje para sacar a los líderes incompetentes y exigir que el presupuesto —nuestra "nota de crédito" colectiva— se gaste en alimentar, educar, dar alojamiento gratuito y vestir a la humanidad.
O recuperamos el control transparente de nuestra riqueza para generar una solidaridad de progreso real, o aceptamos que nuestro silencio es una forma de suicidio. De ambas maneras, el problema se acabará, pero solo una de ellas nos permite seguir llamándonos humanos.
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