jueves, 16 de julio de 2026

LEVANTANDO LA VOZ: ¿Cómo sacudirnos el estigma y asumir nuestra grandeza?

México siempre ha sido poco tomado en cuenta debido a su pasado colonial. Esa herencia histórica parece restarle importancia a nuestra identidad individual en el plano internacional, donde a menudo los tratos se llevan a cabo como si fuéramos un tercero sin voto en las grandes decisiones.

Al mismo tiempo, México carga —por responsabilidad propia— con la marca de ser un país asociado a la corrupción, la criminalidad y el tráfico de drogas. Esto ocurre cuando el gobierno fracasa en desterrar la impunidad, detener el crimen y aplicar las leyes tal y como lo exige nuestra Constitución Política. Podrá haber mil culpables externos, pero eso no justifica renunciar a imponer control dentro del país a todos los niveles. Al no hacerlo, nos sometemos voluntariamente a los calificativos de quienes, desde los Estados Unidos, han intentado rebajarnos eternamente como personas inútiles o incapaces.

Para levantar la voz, primero debemos tener un nivel de autocrítica excepcional. No es difícil de enfrentar: lo que otros nos señalan con el dedo, para nosotros es una realidad cotidiana marcada por el narcotráfico, el crimen organizado y políticos corruptos al sueldo de terceros que pagan por seguridad, espionaje, preferencias y secrecía.

¿Qué hacer para sacudirnos esa personalidad?

Hablar directo y sin pena. Acusar las fallas de aquellos que nos critican. Por ejemplo: México es exportador de drogas (nuestra responsabilidad), pero Estados Unidos es el importador absoluto de esas drogas.

Si no hay demanda, no hay oferta. Cualquier negocio quiebra sin compradores para su producto; la actividad simplemente se abandonaría sin necesidad de disparar una sola bala.

¿Por qué entonces no se califica de la misma manera a los compradores e importadores en territorio estadounidense? Ellos son totalmente conocidos. Y peor aún: allá no se trata de campesinos ni de gente humilde que siembra por hambre. El origen de este consumo tiene raíces profundas: a raíz de las guerras, su propio ejército proveyó de drogas a los combatientes para mitigar el miedo y el dolor. Al regresar, esos veteranos necesitaban seguir consumiendo para manejar las secuelas físicas y mentales de la guerra; una adicción que heredaron a las nuevas generaciones, consolidando a aquellos "Born to be Wild" (Nacidos para perder).

¿En dónde quedó, entonces, el control sobre los estupefacientes en el norte? Quedó bajo el control económico de ventas millonarias orientadas a una juventud hambrienta de aventuras, que idolatra la dureza de aquellos con cicatrices y un pasado supuestamente heroico. ¿En dónde están esos dealers dentro de Estados Unidos? Sus políticos, sus facetas racistas y sus costumbres de fuerza provienen, en realidad, del terror de no saber cómo controlar una epidemia que inició como solución médica, continuó como heroísmo sintético y hoy termina como una autodestrucción sistémica en miles de jóvenes.

El momento de México

A pesar de las condiciones actuales, México está en el momento preciso para crecer desmesuradamente ante una expectativa mundial que, en apariencia, no nos da oportunidad. Ese maltrato constante que recibimos del exterior tiene un objetivo psicológico: convencernos de que no servimos para nada.

Pero es exactamente todo lo contrario. México tiene el potencial y los recursos para ser una potencia mundial en lo económico, productivo, alimentario, turístico y social.

Recordemos lo que tenemos:

Alimentos que el mundo entero consume.

Mano de obra especializada y abundante.

Infraestructura de clase mundial para comunicaciones y transportes.

Recursos naturales de toda clase para la manufactura.

Si nos atrevemos a ser creativos, tenemos todo en nuestras manos para que el producto de nuestro esfuerzo sea para beneficio propio. Tenemos el control para permitir o no la explotación y exportación de nuestras propiedades.

Con honestidad, inteligencia y bondad, seremos dueños de nuestro propio destino. Se necesita trabajo, mucho trabajo, y un compromiso absoluto con la cero corrupción.

La cultura la tenemos. El conocimiento lo tenemos. La inteligencia abunda. El orgullo es lo que somos y el territorio es nuestra grandeza. Solo necesitamos asumir nuestra responsabilidad; lo demás llegará solo.

Nos podemos dedicar a ser aún más grandes.


Julio

Spyingeagleone

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